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Si das el pecho y tus senos están ingurgitados y doloridos, acuérdate de la cataplasma de arcilla. Para hacerla, es muy simple: llena un bol con arcilla machacada que encontrarás en tiendas dietéticas o en farmacias. Cubre la arcilla con agua fría, sin mezclar (la arcilla absorbe el agua). Si tu mezcla es demasiado líquida, añade un poco más de arcilla y viceversa. Recubre los senos con una gran cataplasma de arcilla (directamente sobre la piel) y tápalos con un paño limpio. Ponte encima el corpiño y deja actuar hasta que la arcilla se seque. Repite la operación hasta que se cure. Cuidado: no utilices nunca la arcilla sobre heridas o puntos de sutura.
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Truco propuesto por : Abuela
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