A veces es difícil calmar al bebé que llora, aun cuando, aparentemente, no tiene ningún motivo para chillar (ha comido, no está enfermo, está limpio...): en ese caso, es inútil que lo dejes llorar mucho rato. Un paseo en coche, una vuelta por la casa en el portabebés, un poco de música, un baño: todo eso puede calmarlo.