Para exfoliar tu piel con sal, coge un puñado de sal gorda y pásalo por el cuerpo bajo la ducha. En el rostro, pasarás sal fina con pequeños movimientos rotatorios. Una vez efectuada la limpieza de cutis, puedes añadir rodajas de pepino sobre las mejillas, ojos, frente y mentón. Ambas acciones son purificadoras para la piel.