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Para elegir los tonos de las paredes, debes tener en cuenta la pieza a la que se destinan. Lo mejor en un dormitorio son las paredes de tonos suaves, no agresivos, para poder relajarse. Lo mismo para un escritorio o una biblioteca. Puedes poner tonos vivos en una sala de juegos o un cuarto de baño, por ejemplo, pero recuerda que es mejor evitarlos si quieres tener una impresión de calma y serenidad en casa.
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Truco propuesto por : Abuela
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