Restriega tu espejo con jabón, de modo que quede jabón sobre toda la superficie espejada (si el jabón está demasiado seco, humedécelo ligeramente). Coge un paño limpio y no afelpado y frota tu espejo hasta que el jabón desaparezca completamente. Repite la operación cuando el vaho vuelva, aproximadamente una vez por mes.