|
Cuando era pequeña y me quedaba a dormir en casa de mi abuela, por las noches teníamos un ritual: ella cogía un ladrillo y lo metía unos segundos en el horno; después lo envolvía en un paño y lo introducía en el fondo de mi cama. La ventaja: el ladrillo almacena el calor y lo mantiene más tiempo que la clásica bolsa de agua caliente. No es necesario utilizar agua que se va a tirar al día siguiente. Y es natural. Es un calientacamas ecológico. Pienso que se puede hacer lo mismo con una piedra recogida a la orilla del río.
|
|
Truco propuesto por : Abuela
|